No estás perdid@, estás recordando
Hay etapas de la vida en las que todo lo conocido comienza a resquebrajarse.
No de golpe, sino poco a poco.
Como si la realidad que habitabas dejara de sostenerte.
Lo que antes te definía ya no te representa.
Las respuestas que antes te calmaban ahora se sienten vacías.
Las certezas que construiste con tanto esfuerzo se caen sin pedir permiso.
Y entonces aparece esa palabra que pesa tanto: perdid@ .
Perdid@ porque ya no sabes hacia dónde ir.
Perdid@ porque no reconoces tus propios deseos.
Perdid@ porque el camino que parecía claro ahora se ha vuelto borroso.
Pero… ¿y si no estás perdid@?
¿Y si lo que está ocurriendo no es una caída, sino un regreso?
Recordar no es volver atrás
Recordar no significa regresar a lo que eras.
Significa despojarte de lo que nunca fuiste del todo .
Recordar quién eres implica soltar identidades que construyes para sobrevivir.
Roles que asume para ser aceptad@.
Expectativas que cargaste para no decepcionar.
Durante mucho tiempo, esas versiones te protegieron.
Te dieron estructura, pertenencias, sentido.
Pero llega un momento en el que el alma ya no puede seguir sosteniéndolas.
Y entonces empieza a incomodarse.
A inquietarse.
A pedir algo distinto.
Por eso recordar duelo.
Porque soltar duelo.
Y soltar lo conocido, aunque ya no te represente, genera vértigo.
El vacío no es un error, es parte del proceso
Cuando una identidad se desarma y la nueva aún no ha nacido, aparece el vacío.
Ese espacio extraño donde no sabes quién eres ni hacia dónde vas.
La mente lo interpreta como pérdida.
El ego lo vive como fracaso.
Pero el alma lo reconoce como tierra fértil .
Es el espacio donde se caen las máscaras.
Donde ya no puedes fingir.
Donde lo esencial empieza a tomar forma en silencio.
Nada crece en el ruido.
Nada auténtico nace desde la prisa.
El vacío no es ausencia.
Es preparación.
No estás rot@, estás en transición
No estás fallando por no tener respuestas.
No estás rot@ por sentirte diferente.
No estás equivocad@ por no encajar donde antes sí.
Estás atravesando un umbral.
Un umbral no es un lugar cómodo.
Es un punto de paso.
Un espacio entre lo que fue y lo que será.
Aquí no se te pide que sepas.
Se te pide que confíes .
Que confíes en que lo que se está cayendo ya no podía acompañarte más.
Que confíes en que lo que aún no ves se está gestando dentro.
Permítete no saber
Permítete no tener claro el próximo paso.
Permítete no responder a todas las expectativas.
Permítete no encajar durante un tiempo.
La claridad no se persigue.
Se revela cuando deja de huir.
Cuando te quedas.
(Aunque incomode. Aunque duela. Aunque asuste.)
Escuchar el proceso es más importante que entenderlo.
Estás volviendo
Volviendo a un lugar más honesto dentro de ti.
Volviendo a una verdad que no necesita explicación.
Volviendo a una versión menos forzada y más real.
No estás perdid@.
Estás soltando lo que no eres.
Estás recordando lo que siempre estuvo ahí, esperando espacio.
Y aunque ahora no lo veas con claridad,
este momento no es el final de nada.
Es el inicio de tu regreso.
Si este texto ha resonado contigo, no es casualidad.
A veces no necesitamos más información, sino un espacio seguro donde atravesar lo que estamos viviendo .
Acompañar no es decirte qué hacer,
es sostenerte mientras recuerdas.
Si sientes que estás en un momento de tránsito,
de caída de viejas pieles,
o de regreso a ti,
puedes escribirme.
No para que te arregle,
sino para caminar juntas este umbral.
🤍 Estás sostenid@.
.jpg)

).jpg)
Comentarios
Publicar un comentario