El alma también se cansa de ser fuerte
Ser fuerte todo el tiempo cansa más de lo que solemos admitir.
Cansa sostener.
Cansa responder.
Cansa poder cuando por dentro solo quieres parar.
Pero aprendimos a hacerlo igual.
Aprendimos a no pedir.
A no mostrar grietas.
A seguir adelante aunque algo dentro estuviera agotado.
Y así, sin darnos cuenta, convertimos la fortaleza en una carga.
La trampa de la fortaleza constante
Hay personas que no saben cómo dejar de ser fuertes.Porque nunca se les permitió otra cosa.
Ser fuertes para no molestar.
Para no preocupar.
Para no ser una carga.
Y con el tiempo, esa fuerza deja de ser elección
y se vuelve exigencia.
Una exigencia que el alma paga.
El cansancio que no se ve
No siempre es un cansancio físico.
Es un cansancio más profundo.
El cansancio de tener que estar bien.
De sostener a otros.
De no tener dónde dejarte caer.
Ese cansancio no se cura durmiendo más.
Se cura siendo sostenida.
Hay otra forma de fuerza
Hay una fuerza que nace del esfuerzo,
y otra que nace del descanso.
La primera empuja.
La segunda sostiene.
El alma no necesita demostrar nada.
Necesita espacios donde poder bajar la guardia.
Donde no tener que rendir.
Donde no cumplir expectativas.
Espacios donde simplemente ser.
Aquí puedes parar
Aquí no tienes que poder con todo.
Aquí no tienes que ser fuerte.
Aquí puedes parar sin justificarte.
Parar no es rendirse.
Es escucharte.
La vulnerabilidad no te debilita.
Te humaniza.
Te devuelve a ti.
No tienes que sostenerlo sola
Hay momentos en la vida en los que la fortaleza ya no alcanza.
Y eso no es un fracaso.
Es una señal.
Una señal de que necesitas cuidado.
Presencia.
Acompañamiento.
Si sientes que estás cansada de ser fuerte,
si llevas demasiado tiempo sosteniendo sin ser sostenida,
puedes dejarte acompañar.
A veces, el acto más valiente
es permitirte descansar en manos de alguien.
🤍 No tienes que poder con todo para merecer cuidado.


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